De entre los diversos pero pocos viajes que había tenido por los multiversos, quedar plantada como una de esas coloridas calabazas que crecían en la granja de mi plano natal, terminar en Innistrad quizás de alguna forma era inevitable. No se por que, llegue aquí. Aun no domino esto de “rasgar las barreras de los mundos”, ya que soy relativamente nueva a todo esto. Se que quejarme no sirve de nada, pero lo hago igual. Y digo esto mientras que uno de mis acompañantes barbudos descansa ante mis pies.
Luego del encuentro con los ángeles y la jauría de hombres lobo, cada cual había vagado por su propio rumbo hasta que se pusieran un poco mas neutras las cosas. Regresé a uno de los pueblos cercanos, en donde nos acomodaron en una de las habitaciones de la taberna. Ellos decían que estaban bastante desocupados, debido a las tragedias que habían sucedido hace algunos días. Comentaban las chismosas del pueblo, que eran los demonios quienes habían corrompido la mente de la esposa del capellán, otros comentaban que era la misma razón por la cual los ángeles se habían vuelto locos, y así dado su espalda a quienes mas lo necesitaban.
Mientras observaba por la ventana, a esa gran luna plateada a la cual muchos aldeanos llaman la comadreja de seis patas. Pensé en que quizás esta era la razón, por la cual había vagado a este plano, quizás aquí necesitaban de nuestra presencia. Mientras observaba la luna, sombras danzaban en la misma, al creerme loca, me frote un poco los ojos, para quizás obviar que eso solo era un producto de mi imaginación. Con sumo cuidado me levante de donde descansaba, sin despertar a los demás, y con movimientos ligeros me desplace hacia la ventana. La luna danzaba consigo misma, pero aunque pareciera así, eran las sombras de los ángeles que sobrevolaban nuestro pueblo, los que se veían reflejadas en ella. Me di la vuelta y pegue mi espalda contra la pared, cayendo lentamente hasta estar sentada bajo la ventana sobre la cual hace un rato me hallaba.
Este plano simplemente no era para mi, extrañaba el olor de la cosecha, y el como se sentía el pasto húmedo entre mis dedos. Mientras miraba a mis pequeños dedos moverse de un lado al otro, escuche una conmoción en la parte inferior del edificio, y de pronto con un salto, volví a posarme sobre la ventana; un hombre con capucha azul salia apresurado con un caballo y un guía. Había algo sobre el que me intrigaba, casi como esa campana que usaba para llamar al rebaño, algo me decía que tenia que seguirlo.
Desperté a los que aun seguían dormidos, salí y arme mi carreta con mis dos mejores cabras, y los seguimos. Para que no fuéramos detectados, mezcle un poco el olor a nuestro alrededor, ese era un hechizo nuevo que había aprendido junto a los “Narilargas” (una tribu muy particular, cabe recalcar). Avanzamos a paso veloz y conciso, pero en medio del camino, se apresuraron varias bestias de gran tamaño que casi hacen que volquemos. Antes de pegar un buen insulto al aire, recordé que aun estábamos bajo la protección del hechizo. A lo lejos escuche unos aullidos y sabia que eran los hombres lobo nuevamente, pero sin embargo: estos actuaban de forma diferente. Cuando los alcanzamos, uno de los caballos había sido masacrado, mientras que el hombre de la capucha azul, no se podía encontrar por ningún lado, apresuramos mucho mas el paso y finalmente llegamos a una mansión antigua, con rejas grandes y una niebla color violeta de espanto. Un temblor me recorrió todo el cuerpo, y supe que nos habíamos metido en territorio desconocido.
Traté de abrir la puerta pero no pasaba nada, ningún hechizo: nada. Mordida de cabra: nada. Patadas: nada. Era impenetrable. Nos pasamos casi toda la noche tratando de abrirla, hasta que caímos dormidos a los costados de la misma.
Fue un sonido profundo y elevado, el que nos despertó, y la puerta se abrió por su propia voluntad en dos, y algo que parecía humano salio a recibirnos. Nos miro con sus ojos vacíos y ropa rasgada, señalándonos que pasemos.
Algo me decía que este ser, ya no estaba vivo, pero había algún tipo de magia en el que lo mantenía en este estado de “no-vida”. Seguimos por medio del jardín de la mansión. Y uno de mis allegados trato de desviarse para mordisquear un poco el pasto, pero en vez habían cuerpos plantados en la tierra y flores de aromas tóxicos y venenosos.
La puerta que nos daría la bienvenida, era vieja pero se mantenía en buen estado, se abrió con un rechinar y sentí como si miles de ojos vacíos pusieran su mirada sobre nosotros. Me quité las botas, para no manchar el piso prístino que se encontraba mi paso (supongo que por costumbre de mi gente) y nos señalaron hacia un gran salón, en donde mas de estos cuerpos se hallaban y al fondo sobre una gran silla de madera, estaba sentada una hermosa mujer, de cabellos oscuros y ojos color violeta.
Los cuerpos de las criaturas se hicieron a un costado y nos dejaron pasar.
-¿Quienes son aquellos que osan interrumpir mi morada en estas horas de la noche?- pregunto. Pronto me halle sola, mis allegados habían desparecido entre la multitud de no vivientes: -Hemos seguido al hombre de la capucha azul- conteste. -¿Jace?-, pregunto ella con mucho interés casi interrumpiendo mi respuesta. Se paro de donde estaba y camino hacia mi. Ahí fue cuando lo sentí. Era una caminante. -¿Que buscas con el?-, volvió a preguntarme mientras me miraba de pies a cabeza. -Hemos venido de otro lugar muy lejano...- ,y ni bien puede seguir contando ella me interrumpió: -Eres una caminante-, me dijo inclinando un poco la cabeza y mirándome a los ojos. En ellos vi algo que jamás olvidare: El reflejo de la muerte misma, quizás mi muerte, no sabia. Algo me decía que esta mujer, era algo mucho mas de lo que aparentaba. -Mi nombre es Liliana-, dijo dándome la espalda y regresando a su silla. - Y esta es mi mansión, el hombre al cual buscas se llama Jace, y ya ha dejado estos dominios-. La miré desconcertada. -¿No me dirías a donde iba?-, intenté sacarle algo de información. -¿A cambio de que?, yo siempre quiero algo a cambio, quizás la vida de tus sirvientes. Veo que también tienes un par, nunca había visto algo como ellos-. Pronto mi mirada busco por todo el salón implorando de que aun estuvieran ahí, cuando creí que las cosas se habían puesto de mal en peor: a lo lejos los vi, fuera del salón bien placidos.
Había tratado de llevarme bien con Liliana, pero vieron como son las magas de la magia negra: piensan que cualquier cosa sin alma es de su propiedad. Ella se quería llevar todas mis cabras. Cabras, seres del demonio...
Y no hablo de los aquellos seres del averno, que habitan en lo mas oscuro, que han caído mas allá de lo rescatable, cuyo corazón era mas negro que la noche bajo Innistrad, sino de aquellos seres demoníacos, con cuernos y pezuñas que en ese momento devoraban mis botas.
-Si, no nos puedes ayudar, creo que lo buscaremos por nuestra cuenta-, le dije ya desanimada.
-¿Y por que crees que te dejaré ir tan deprisa?- Me pregunto mientras se miraba las uñas bien pintadas.
-Pues....- Mi mente quedo vacía.
-¿Viste?, no tienes ninguna respuesta para mi, es mas hasta me podría divertir un poco contigo-. -Llévenla- exclamo y simplemente sentí como los cuerpos se abalanzaban sobre mi.
Cuando menos lo esperaba, mi bastón ilumino el salón con un resplandor que expulso algunos de los cuerpos. Esto era lo lindo de la magia blanca: no le caía muy bien a los seres putrefactos. Pero a su vez era bastante impredecible, ¡maldigo esto de ser novata!.
Mis allegados al darse cuenta de que era lo que estaba pasando, dejaron mis botas por suerte y se pusieron a mordisquear las piernas de no vivos. Daba gracias, que también ellos tenían un apetito muy voraz, pero igual aun no tan controlables. Intentamos hacernos campo ante la horda de muertos que nos acosaban, y peleamos con todo nuestro ser. Cuando todo parecía estar bien, de la nada sentí una mano sobre mi cuello, alzándome del suelo.
-¡Ya me cansé!- Liliana dijo muy tranquila, y esta vez sus ojos eran eternamente negros y las marcas sobre su rostro emanaban un fuego infernal. Traté de respirar y de no caer en la eterna oscuridad. -Pronto estarás bajo mi mando.- Sonrió mientras se me iba de a poco la vida. Y en ese momento dije mis ultimas palabras: -Hozu, lo siento hermano-. Liliana me soltó de la nada, y mi cuerpo casi ya sin vida retumbo en el salón. -¿Que has dicho?- Liliana me miro perpleja. Reuní el poco aliento que me quedaba y murmure. -Mi hermano, ha....- y el mundo se volvió negro.
Desperté con los dos cabros a mis costados. Estaba en una habitación bien cuidada, uno de los no vivientes me miraba (O mas bien creía que me miraba) desde la puerta principal.
Miré a otro de los costados y la vi sentada ahí, mirándome intrigada.
-Eres bastante débil, no me servirías de nada- dijo con una sonrisa. -Has dicho algo acerca de tu hermano- continuo.
-Yo también he perdido al mio, hace mucho tiempo ya. Cuéntame sobre el y quizás te cuente sobre Jace.-
Y supe ahí, que quizás esta tal Liliana, no me caería tan mal.
Luego del encuentro con los ángeles y la jauría de hombres lobo, cada cual había vagado por su propio rumbo hasta que se pusieran un poco mas neutras las cosas. Regresé a uno de los pueblos cercanos, en donde nos acomodaron en una de las habitaciones de la taberna. Ellos decían que estaban bastante desocupados, debido a las tragedias que habían sucedido hace algunos días. Comentaban las chismosas del pueblo, que eran los demonios quienes habían corrompido la mente de la esposa del capellán, otros comentaban que era la misma razón por la cual los ángeles se habían vuelto locos, y así dado su espalda a quienes mas lo necesitaban.
Mientras observaba por la ventana, a esa gran luna plateada a la cual muchos aldeanos llaman la comadreja de seis patas. Pensé en que quizás esta era la razón, por la cual había vagado a este plano, quizás aquí necesitaban de nuestra presencia. Mientras observaba la luna, sombras danzaban en la misma, al creerme loca, me frote un poco los ojos, para quizás obviar que eso solo era un producto de mi imaginación. Con sumo cuidado me levante de donde descansaba, sin despertar a los demás, y con movimientos ligeros me desplace hacia la ventana. La luna danzaba consigo misma, pero aunque pareciera así, eran las sombras de los ángeles que sobrevolaban nuestro pueblo, los que se veían reflejadas en ella. Me di la vuelta y pegue mi espalda contra la pared, cayendo lentamente hasta estar sentada bajo la ventana sobre la cual hace un rato me hallaba.
Este plano simplemente no era para mi, extrañaba el olor de la cosecha, y el como se sentía el pasto húmedo entre mis dedos. Mientras miraba a mis pequeños dedos moverse de un lado al otro, escuche una conmoción en la parte inferior del edificio, y de pronto con un salto, volví a posarme sobre la ventana; un hombre con capucha azul salia apresurado con un caballo y un guía. Había algo sobre el que me intrigaba, casi como esa campana que usaba para llamar al rebaño, algo me decía que tenia que seguirlo.
Desperté a los que aun seguían dormidos, salí y arme mi carreta con mis dos mejores cabras, y los seguimos. Para que no fuéramos detectados, mezcle un poco el olor a nuestro alrededor, ese era un hechizo nuevo que había aprendido junto a los “Narilargas” (una tribu muy particular, cabe recalcar). Avanzamos a paso veloz y conciso, pero en medio del camino, se apresuraron varias bestias de gran tamaño que casi hacen que volquemos. Antes de pegar un buen insulto al aire, recordé que aun estábamos bajo la protección del hechizo. A lo lejos escuche unos aullidos y sabia que eran los hombres lobo nuevamente, pero sin embargo: estos actuaban de forma diferente. Cuando los alcanzamos, uno de los caballos había sido masacrado, mientras que el hombre de la capucha azul, no se podía encontrar por ningún lado, apresuramos mucho mas el paso y finalmente llegamos a una mansión antigua, con rejas grandes y una niebla color violeta de espanto. Un temblor me recorrió todo el cuerpo, y supe que nos habíamos metido en territorio desconocido.
Traté de abrir la puerta pero no pasaba nada, ningún hechizo: nada. Mordida de cabra: nada. Patadas: nada. Era impenetrable. Nos pasamos casi toda la noche tratando de abrirla, hasta que caímos dormidos a los costados de la misma.
Fue un sonido profundo y elevado, el que nos despertó, y la puerta se abrió por su propia voluntad en dos, y algo que parecía humano salio a recibirnos. Nos miro con sus ojos vacíos y ropa rasgada, señalándonos que pasemos.
Algo me decía que este ser, ya no estaba vivo, pero había algún tipo de magia en el que lo mantenía en este estado de “no-vida”. Seguimos por medio del jardín de la mansión. Y uno de mis allegados trato de desviarse para mordisquear un poco el pasto, pero en vez habían cuerpos plantados en la tierra y flores de aromas tóxicos y venenosos.
La puerta que nos daría la bienvenida, era vieja pero se mantenía en buen estado, se abrió con un rechinar y sentí como si miles de ojos vacíos pusieran su mirada sobre nosotros. Me quité las botas, para no manchar el piso prístino que se encontraba mi paso (supongo que por costumbre de mi gente) y nos señalaron hacia un gran salón, en donde mas de estos cuerpos se hallaban y al fondo sobre una gran silla de madera, estaba sentada una hermosa mujer, de cabellos oscuros y ojos color violeta.
Los cuerpos de las criaturas se hicieron a un costado y nos dejaron pasar.
-¿Quienes son aquellos que osan interrumpir mi morada en estas horas de la noche?- pregunto. Pronto me halle sola, mis allegados habían desparecido entre la multitud de no vivientes: -Hemos seguido al hombre de la capucha azul- conteste. -¿Jace?-, pregunto ella con mucho interés casi interrumpiendo mi respuesta. Se paro de donde estaba y camino hacia mi. Ahí fue cuando lo sentí. Era una caminante. -¿Que buscas con el?-, volvió a preguntarme mientras me miraba de pies a cabeza. -Hemos venido de otro lugar muy lejano...- ,y ni bien puede seguir contando ella me interrumpió: -Eres una caminante-, me dijo inclinando un poco la cabeza y mirándome a los ojos. En ellos vi algo que jamás olvidare: El reflejo de la muerte misma, quizás mi muerte, no sabia. Algo me decía que esta mujer, era algo mucho mas de lo que aparentaba. -Mi nombre es Liliana-, dijo dándome la espalda y regresando a su silla. - Y esta es mi mansión, el hombre al cual buscas se llama Jace, y ya ha dejado estos dominios-. La miré desconcertada. -¿No me dirías a donde iba?-, intenté sacarle algo de información. -¿A cambio de que?, yo siempre quiero algo a cambio, quizás la vida de tus sirvientes. Veo que también tienes un par, nunca había visto algo como ellos-. Pronto mi mirada busco por todo el salón implorando de que aun estuvieran ahí, cuando creí que las cosas se habían puesto de mal en peor: a lo lejos los vi, fuera del salón bien placidos.
Había tratado de llevarme bien con Liliana, pero vieron como son las magas de la magia negra: piensan que cualquier cosa sin alma es de su propiedad. Ella se quería llevar todas mis cabras. Cabras, seres del demonio...
Y no hablo de los aquellos seres del averno, que habitan en lo mas oscuro, que han caído mas allá de lo rescatable, cuyo corazón era mas negro que la noche bajo Innistrad, sino de aquellos seres demoníacos, con cuernos y pezuñas que en ese momento devoraban mis botas.
-Si, no nos puedes ayudar, creo que lo buscaremos por nuestra cuenta-, le dije ya desanimada.
-¿Y por que crees que te dejaré ir tan deprisa?- Me pregunto mientras se miraba las uñas bien pintadas.
-Pues....- Mi mente quedo vacía.
-¿Viste?, no tienes ninguna respuesta para mi, es mas hasta me podría divertir un poco contigo-. -Llévenla- exclamo y simplemente sentí como los cuerpos se abalanzaban sobre mi.
Cuando menos lo esperaba, mi bastón ilumino el salón con un resplandor que expulso algunos de los cuerpos. Esto era lo lindo de la magia blanca: no le caía muy bien a los seres putrefactos. Pero a su vez era bastante impredecible, ¡maldigo esto de ser novata!.
Mis allegados al darse cuenta de que era lo que estaba pasando, dejaron mis botas por suerte y se pusieron a mordisquear las piernas de no vivos. Daba gracias, que también ellos tenían un apetito muy voraz, pero igual aun no tan controlables. Intentamos hacernos campo ante la horda de muertos que nos acosaban, y peleamos con todo nuestro ser. Cuando todo parecía estar bien, de la nada sentí una mano sobre mi cuello, alzándome del suelo.
-¡Ya me cansé!- Liliana dijo muy tranquila, y esta vez sus ojos eran eternamente negros y las marcas sobre su rostro emanaban un fuego infernal. Traté de respirar y de no caer en la eterna oscuridad. -Pronto estarás bajo mi mando.- Sonrió mientras se me iba de a poco la vida. Y en ese momento dije mis ultimas palabras: -Hozu, lo siento hermano-. Liliana me soltó de la nada, y mi cuerpo casi ya sin vida retumbo en el salón. -¿Que has dicho?- Liliana me miro perpleja. Reuní el poco aliento que me quedaba y murmure. -Mi hermano, ha....- y el mundo se volvió negro.
Desperté con los dos cabros a mis costados. Estaba en una habitación bien cuidada, uno de los no vivientes me miraba (O mas bien creía que me miraba) desde la puerta principal.
Miré a otro de los costados y la vi sentada ahí, mirándome intrigada.
-Eres bastante débil, no me servirías de nada- dijo con una sonrisa. -Has dicho algo acerca de tu hermano- continuo.
-Yo también he perdido al mio, hace mucho tiempo ya. Cuéntame sobre el y quizás te cuente sobre Jace.-
Y supe ahí, que quizás esta tal Liliana, no me caería tan mal.
(Hochman, S.)
Planos para el Pueblo nace de una colaboración literaria
entre uno de los mejores cuentistas de la comunidad Magiquera de
Argentina, y una jugadora que se cree cabra.
Trataremos a Planeswalkers poco conocidos por el multiverso, así como también a los mas renombrados, y contaremos las historias que Wizards no se atreve a mencionar.
Trataremos a Planeswalkers poco conocidos por el multiverso, así como también a los mas renombrados, y contaremos las historias que Wizards no se atreve a mencionar.